Terapia cognitivo conductual

Terapia Cognitivo‑Conductual (TCC): ¿en qué consiste y cómo funciona?

Si has llegado hasta aquí es porque quieres saber qué es exactamente la terapia cognitivo-conductual, cómo funciona y en qué te puede ayudar. Te cuento de forma clara y sin tecnicismos, para que lo puedas entender mejor.

¿Qué es la Terapia Cognitivo-Conductual?

La Terapia Cognitivo-Conductual (cuyas siglas son TCC) es un modelo terapéutico muy estructurado, basado en la idea de que pensamientos, emociones y conductas están conectados. Eso quiere decir que lo que pensamos influye en lo que sentimos y hacemos… y viceversa.

Además, la TCC es breve, orientada a objetivos y centrada en el presente. No se trata de excavar en cada rincón doloroso del pasado, sino de trabajar aquí y ahora, con herramientas prácticas para tu día a día.

¿En qué consiste?

Una de sus principales estrategias es cambiar la forma en que piensas, es decir, «cómo te cuentas la película» y cómo interpretas lo que ha sucedido.

Muchas veces, no nos afecta lo que sucedió sino lo que pensamos sobre lo que sucedió. Esos pensamientos suelen ser automáticos o distorsionados (como «todo me sale mal», «seguro que piensan que soy un inútil», «va a pasar algo horrible», etc.) y nos provocan emociones intensas o nos comportamos de una forma que no nos conviene.

Por otro lado, la TCC también utiliza técnicas para modificar hábitos, enfrentar miedos, generar nuevas respuestas emocionales y recuperar el control sobre situaciones difíciles.

La idea central es ayudarte a desarrollar herramientas prácticas y adaptadas a tu vida, que puedas aplicar tanto dentro como fuera de la consulta. Todo esto, paso a paso, en un proceso activo, colaborativo y centrado en tus objetivos.

¿Cómo son las sesiones?

Como se ha mencionado antes, la TCC es muy estructurada y metódica.

Por ello, se pueden diferenciar 3 fases en el procedimiento: Evaluación, Tratamiento y Seguimiento.

Evaluación

En las primeras sesiones se realizaría una evaluación de lo que le está sucediendo al paciente: delimitar cuál es su problema principal, lo que lo originó, lo que lo está manteniendo y los posibles factores que pueden estar influyendo.

A partir de ahí, se realiza un análisis funcional de lo que le está pasando y se diseñará un plan de acción en base a los objetivos que se planteen.

Tratamiento

La fase de tratamiento puede durar varios meses, y consistiría en ir aprendiendo técnicas o herramientas para cumplir dichos objetivos.

Algo importante a tener en cuenta es que la TCC requiere la participación activa del paciente. El psicólogo puede plantear que el paciente realice tareas para casa (ejercicios de respiración, registrar los pensamientos automáticos, exponerte a algo que temes, etc.), pues todos los aprendizajes de las técnicas y herramientas se hacen fuera de la consulta.

El psicólogo tiene un rol más parecido al de un profesor o un entrenador, que te ayuda a ir adquiriendo nuevas herramientas y hace seguimiento en sesión.

Seguimiento

Por último, cuando esos objetivos se han cumplido, vendría la fase de seguimiento, que ya se harían sesiones muy esporádicas (cada 3-6 meses aprox.) para ver si los cambios que se han producido durante el tratamiento, se siguen manteniendo.

Técnicas más utilizadas en TCC

Algunas de las técnicas más utilizadas y conforman el arsenal terapéutico de la TCC son:

  • Reestructuración cognitiva: Consiste en cuestionar y reformular pensamientos automáticos.
  • Entrenamiento en habilidades: Se suele entrenar en ciertas habilidades (relajación, resolución de problemas, manejo del estrés, regulación emocional…) para ayudar al paciente a gestionar sus emociones, pensamientos u organizar su conducta. Todas estas herramientas se tienen que practicar y entrenar fuera de la consulta.

Beneficios y limitaciones de la Terapia Cognitivo-Conductual

La TCC es, sin duda, uno de los enfoques más validados científicamente y aplicados en el mundo de la psicología. Sin embargo, como ocurre con cualquier modelo terapéutico, también tiene sus limitaciones. No porque no funcione, sino porque hay veces en las que puede quedarse corta…

En casos donde hay traumas complejos, patrones emocionales muy arraigados o conflictos internos más profundos, es donde un enfoque integrador puede aportar mucho más. Porque no todo puede abordarse solo desde lo que pensamos o hacemos. A veces, el cambio necesita más capas. Y eso también está bien.

Beneficios de la TCC

  • Funciona para muchos problemas (ansiedad, depresión, fobias, TOC, estrés…) con muy buenos resultados.
  • Suele ser de duración breve o media, entre 8 y 20 sesiones, lo cual es mucho más accesible que otras aproximaciones.
  • Fomenta la autonomía del paciente, pues las herramientas que aprende le acompañan más allá de la terapia.
  • Se enfoca en el aquí y ahora y permite medir el progreso, lo que motiva y orienta el tratamiento.
  • Es clara y estructurada, algo que muchas personas agradecen cuando se sienten desbordadas.

Limitaciones de la TCC

  • Puede resultar demasiado racional si no se complementa con trabajo emocional o corporal.
  • En casos de trauma complejo o disociación, puede requerir otras herramientas más integradoras o basadas en el apego.
  • Si la persona necesita una relación terapéutica más exploratoria o flexible, puede sentirse limitada por la estructura.
  • No todas las emociones se «corrigen» con pensamientos. A veces hace falta sentir, nombrar, integrar…
  • En ciertos momentos, se puede percibir como demasiado técnica o centrada en tareas, perdiendo un poco el espacio de conexión emocional.
  • Algunos síntomas psicosomáticos o dudas existenciales pueden requerir un enfoque más profundo o humanista.

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